jueves, 16 de enero de 2014

“EL HOMBRE Y LA MUJER HABLAN Y ESCUCHAN DE MANERA DISTINTA” (Deborah Tannen)

Saber escuchar es un don muy poco común. Poner atención a lo que alguien está diciendo, procesar esa información y responder acorde a la misma, es un procedimiento para mucho burocrático y para los menos fascinante. El arte de la comunicación verbal está en desuso, desgraciadamente el de la no verbal también lo está.

Creo que existe algo de atractivo en los largos silencios inherentes a un hombre. Perderían algo de su condición masculina si hablasen por los codos. Soy consciente de que ésta es una cualidad que trae de cabeza al sector femenino, y lo puedo entender, pero ¿no sería mejor comprender y asimilar esta característica como propia del varón y quitarnos de encima esa molestia mental?

Las disimilitudes entre el hombre y la mujer son causa de entorno al 75% de los divorcios, me pregunto qué tanto por ciento ocupa la infidelidad, bastante más grave y común en mi opinión. Han de tener en cuenta que la capacidad de comunicación de hombres y mujeres es diferente por naturaleza. A los 18 meses de edad una niña posee el doble de vocabulario que un niño de la misma edad (seguro que no gracias al padre). Las mujeres preguntan 3 veces más que los hombres sin que esto sea un indicio de desconocimiento o inseguridad. Otras diferencias que encuentro interesantes, los hombres se expresan más con las manos y las mujeres gesticulan más con el rostro, sonríen más y miran de frente a su interlocutor. Los hombres hablan más en público y la mujer en la esfera privada e informal. Ellos informan, ellas interactúan.  Un proverbio alemán dice “Es más fácil que el Mar del Norte se quede sin agua que una mujer sin palabras”, touché!

Nunca me ha gustado esa recomendación que en ocasiones hacen los ascendientes con aires ilustrados “no te juntes con uno de pocas palabras si no quieres verte en 20 años hablando con la pared” dicen, pues considero que un hombre puede suplir su falta de afectividad verbal con un abrazo, por ejemplo, y sobre todo, con gestos, hechos. Se advierte en la expresión de su rostro si te está escuchando o solo te oye, si le interesa lo que cuentas, si te devuelve la sonrisa, si te acaricia la mano o te recoge ligeramente el pelo. Se nota el afecto cuando conduce tres horas para verte, se traga una película de dibujos con tu hermana pequeña, cuando repite de paella en casa de tus padres sin gustarle el arroz, te llama y te pregunta cómo estás, te mira de forma especial, cuando después de 20 años todavía te da un azotito en el culo al pasar delante de él, etcétera etcétera.

Recordad esa sátira que circula por internet, tan simbólica, de una pareja que vuelve a casa en coche bajo un profundo manto de silencio, y ella piensa: qué le pasará?, por qué no me habla?, habré hecho algo mal?, quizá esté pensando en otra.., por qué me pasa esto a mi?..., mientras él se dice: mierda! ha perdido el Madrid. A veces creo firmemente que yo misma me convierto en una productora insaciable de palabras e ideas que me dejan exhausta y con seguridad abruman a mi contrincante.

"La comprensión es una actividad que compromete las estructuras intelectuales, afectivas y si me apuras éticas del sujeto... comprender es un empeño y una generosidad"  (José Antonio Marina)


Be easy”, fluye como el agua y deja que el lenguaje no verbal transmita sus propias palabras.


(Fuente: http://elenasanz.files.wordpress.com/2010/10/307_dialogo-besugos-pq.pdf)

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