La mucha o poca experiencia que
pueda haber acumulado en mis relaciones sociales ha cultivado en mí una cierta
intuición, una especie de presentimiento de que cada persona que conozco
destapa de sí misma, al igual que un iceberg,
una octava parte de su volumen, quedando el resto de su identidad oculta
en la profundidad de un mar que casi con toda seguridad no llegaremos nunca a
conocer. Ninguna persona resultó ser cómo se me aparecía en un principio, en la
mayoría de las ocasiones, fue mucho mejor. Si fueron frías, distantes o muy
reservadas al comienzo, pero al mismo tiempo mostraron simpatía y cierto
interés en mí, el resultado fue a menudo el descubrimiento de alguien
bondadoso, honesto, divertido y entrañable. Menos común fue encontrar a alguien
egocéntrico, superficial y desconsiderado cuando se mostraba agradable, abierto
y demasiado efusivo en un primer momento, pero en ocasiones también ocurrió.
Dejar ir a alguien nunca es
fácil, ni aun siendo consciente de lo pobre que te hace sentir su amistad, ni
aun habiendo perdonado siendo traicionada. Resulta tremendamente triste, un
pensamiento inabarcable e increíblemente melancólico despedirse para siempre;
acaso sea que mi mente conecta la nostalgia con la finitud de nuestra
existencia y se proyecta la imagen de una cara, una sonrisa o el brillo de unos
ojos a los que nunca jamás volveré a mirar. Aparece entonces la esperanza, por
ser lo último que el espíritu pierde, y queriendo calmar la ansiedad de mi alma
no hace sino asfixiarla más, pues no hay victoria contra la muerte que al igual
que las témperas, hace de la realidad una imagen estática y definitiva sin dar
tiempo a retocarla; y todo lo demás,
pudiendo ser diferente, no parece cambiar, ahogando en vida toda ilusión.
Somos la mezcla de las cinco
personas con las que más nos relacionamos. Con ellas acabas compartiendo
gestos, expresiones, ideas, experiencias y sobre todo afecto. Asique elige con
sumo cuidado con quién te codeas. Los momentos de la vida son tan efímeros y
valiosos que has de elegir con máxima delicadeza a quién le regalas tu tiempo.
Aun así perderás incontables horas en sin sentidos y laberintos de los que
teniendo salida, cegata no sabes salir. Y si tienes que compartir tu tiempo con
alguien que no termina de agradarte, inténtalo de nuevo, porque casi con toda
seguridad, toda persona que conozcas tenga, una historia que contar, una
lección de la que aprender y un sueño que compartir.
“Everyone is fighting a battle you know nothing
about. Be kind. Always”

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