Esta mañana, como es habitual,
ojeaba el periódico y las redes sociales en el portátil mientras desayunaba. La
primera entrada que había en mi Facebook era un vídeo que se titula What’s going on in Venezuela right now. Tenía alguna noción de lo mal repartida que
está la riqueza en este país (así como en el resto de Sudamérica en general), pero
no me imaginaba que la represión de la libertad llegaba a un punto tan extremo,
como para permitir que los militares al servicio del gobierno asesinen a sangre
fría a estudiantes que se manifiestan pacíficamente; igual de atroz me
parecería aunque éstos no fuesen tan pacíficos, dada la desigualdad de las
fuerzas contrapuestas y la premisa de que los cuerpos y fuerzas de seguridad
del estado están para proteger y servir al pueblo, no para acribillarle bajo el
mandato de unos pocos sentados cómodamente en la cúspide del poder.
Imágenes de jóvenes activos y
sonrientes que habían perdido la vida pasaban en carrusel en el vídeo mientras yo
disfrutaba de mi café matutino, y no he podido evitar que mis ojos se llenaran
de lágrimas… Inmediatamente me ha venido a la mente una de las frases que más
me conmueven interpretada por un famoso grupo de música americano que dice, people living like they ain't got no mama!
What’s wrong with the
world? ¿Por qué
la gente vive como si no sintiera amor? ¿En qué nos estamos convirtiendo?
Cuando pienso en el genocidio
judío durante la segunda guerra mundial y especialmente siempre que escucho la
banda sonora de John Williams para el magnífico filme La lista de Schindler, una
intensa tristeza invade mi corazón y mis retinas, como si sintiera el dolor de
las almas que pasaron tal calvario o fuera un familiar de alguna de ellas. Pero
el mundo , aun arrepentido por las atrocidades que cometió en el pasado, no ha
aprendido nada, y mi corazón, seguramente demasiado afectivo, sigue sufriendo
al pensar en toda la gente que vive con miedo a morir, mujeres a ser violadas, sin
educación, sin libertad de expresión, padres que sienten en sus carnes el hambre
de sus hijos y el suyo propio, la soledad que suscita saber que el resto del
mundo mire hacia otro lado, la de haber perdido a los tuyos, bebes moribundos
rodeados de moscas y enfermedades, la inexplicable sonrisa de un niño que no
tiene ni con qué calzarse, el frío, la falta y corrupta institución de la
Justicia, etc. Y esto pasa, en mayor o
menor medida, en tantas partes del mundo… Venezuela, Siria, Corea del Norte,
Cuba, China, Somalia, Eritrea y la mayoría de países africanos, Israel,
Palestina y un largo etcétera.
Siento que se pierden miles de
vidas, gente que se deja ir por su convicción de contribuir a un propósito,
pero sin la seguridad de que su mayor esfuerzo, su vida, vaya a formar parte de
un futuro cambio significativo. ¿Qué podemos hacer nosotros para evitar tanto
sufrimiento? yo me lo pregunto tantas veces… y nunca doy con una respuesta que
me satisfaga. Salimos a la calle a protestar por nimiedades al lado de la
barbarie que existe en nuestro planeta, pero a cada uno nos duele lo nuestro y
no nos sentimos hermanos. Es más, todavía existe racismo, nacionalismo,
machismo, hasta en los países más desarrollados. Recuerdo muy bien las palabras
de mi padre, hace años, al ver en la
televisión la noticia de un naufragio de africanos que en patera, trataban de
alcanzar la costa española, tendría yo unos 12 ó 13 años y aún hoy comparto ese
pensamiento: porqué no puede cualquier persona ir de un lugar a otro libremente,
si el mundo no tiene dueño (o no debería tenerlo).
Creo que si me jugara todo a un
órdago, apostaría sin duda por la EDUCACIÓN. Qué pilar puede ser más importante
y poderoso que contribuir a que nuestro futuro planeta esté habitado por
personas cultas, bondadosas, honestas, por cabezas pensantes con capacidad para
formarse una opinión, la que sea, en base al poder de la información y al uso
de la razón.
Hay muchas cosas que cambiar,
miles por las que luchar, pero abogo por que dejemos un poco de lado algunas de
nuestras necesidades más inmediatas en pro de mejorar la existencia de otros
que, siendo como nosotros, no tienen nada y sufren.
Dos grandes objetivos tengo aún
pendientes, conmover a alguien y dejar un mundo mejor; si todos tuviéramos
aunque sólo fueran estos dos propósitos a cumplir a lo largo de la vida, el sol
brillaría más intensamente en todos los rincones de nuestro planeta, haciendo
de nuestros corazones un lugar más cálido y acogedor.
www.youtube.com/watch?v=WpYeekQkAd

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